Las palabras se las lleva el viento, su esencia permanece hasta que te liberas y ya nada te ata

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CAMPO DE SUEÑOS



Hay días que se quedan grabados, que nunca se olvidan, y de ellos los que, curiosamente, una cifra se repite una y otra vez. Hoy es uno de estos últimos. Me alegro que esté trascurriendo con normalidad, puede que los duendes ya se hayan cansado y todo quedó en el pasado. Recuerdo algunos de ellos, parecen tan lejanos… Quizás capté el mensaje subliminal y haya pasado a otra etapa, una en que la vida trascurra con cierta calma.
A veces me pregunto si fueron reales, porque sólo están en mi mente, nada de ellos puedo aprehender, traer al presente. Claro, que, lo que viví ayer mismo ya no está, y sin embargo, tanto éste como todos mis días han ido construyendo como granos de arena, la duna en que me he convertido, y como tal, estoy a merced de los vientos. Vientos que soplan al ritmo que mi alma impele. Pasaron los tiempos en que eran otros soplos los que conformaban mi efigie, empujado por lo que llamaba “destino” o el azar…

EL PERDÓN



¿Deseas la PAZ?
Comienza por mirar en tu baúl.
¿Encuentras algún hecho que no te deje dormir?
¿Tienes cambios bruscos de humor?
¿Te desprecias?
¿Te desahogas descargando tu ira en los demás?
¿Te sientes inferior a otros?... ¿Superior?
¿Cuando miras el espejo sólo te ves a ti?
¿Tu tiempo, a quién se lo dedicas, cómo lo repartes?
¿Vives en una nube de algodón?
¿Has maltratado a otros? Y…, ¿a ti?
¿Has herido a alguien?
¿Robado?
¿Estafado?
¿Matado?
¿Cuántos pensamientos, sentimientos y actos borrarías de tu memoria?
¿No puedes?
Quizás no te perdonan, ni te perdonas y vives en una pesadilla que te amarga la existencia.
¿No es hora ya de acabar con este infierno?
Si quieres, de pie, sentado, arrodillado, tumbado,
en la calle, en tu habitación, en el campo o en un templo,
donde y como desees
cierra los ojos y con humildad 
OFRÉCELO TODO a la VIDA (según tu creencia o ausencia de ella).
Ten paciencia (la ciencia de la paz).
Recibirás una grata sorpresa y...
descubrirás una parte de ti, que tenías escondida...     

¡BUEN VIAJE!


Ángel Hache

SEMILLAS


Hace algún tiempo de tu visita. ¡Cuántas preguntas desde aquel inolvidable día! No lo tengo marcado en el calendario, sí en mi memoria intemporal. Pensaba que era el fruto de imaginaciones febriles, pero no, era demasiado para ser casual…

Todo comenzó años atrás, cuando en plena adolescencia mi alma descubrió un sentimiento hasta entonces dormido…, la primera señal que sólo comprendí mucho tiempo después.

EL ALBA DE UN NUEVO DÍA



Se marchó como lo hace el sol cada atardecer.
La oscuridad, en este momento, ciega mis ojos. 
Nada escrito distingo, sólo recuerdos.
Sus palabras, ahora, se hacen presentes.
Puedo escucharle como si estuviera a mi lado.
Sentirle como si nunca se hubiera ido.
Verle como sólo el alma sabe.

Tú me dices: 
«Pon en la misma balanza los elogios y calumnias. 
Ve más allá de la superficie y bucea en la profundidad de sus almas. 
Habla al corazón desde tu corazón, 
deja que la semilla que ahí habita madure a su tiempo con el calor avivado con amor. 
No todas las flores nacen en primavera… ni todos los inviernos son gélidos.
Hay un tiempo en que todas las estaciones se funden en una.
Trasciende el instante en que luces y sombras se enfrentan.
Ve más allá de las almas moribundas, 
del aparente caos,
de tu alma,
de tu propia muerte. 
Siente la vida que late donde los demás no la perciben.
La oscuridad contiene la luz, 
es la cavidad donde se gesta el futuro, 
el que tu sueñas, el que yo vivo.»

Como te marchaste has vuelto, 
como el alba de un nuevo día.


Ángel Hache

COMO LAS ESTRELLAS



Pasan los días, los años. Recuerdo lo vivido y lo que no pude o no quise vivir.
¿Volver atrás? ¿Añorar el pasado? 

Quisiera volver a sentir el calor de quienes conocí y dejaron huella en mi vida.

¿Qué ha sido de los que me quisieron y los que me rechazaron? 

¿Habrán alcanzado el objetivo de su vida?

¿Serán felices?

EL FICUS Y EL ERMITAÑO



El viejo ermitaño salió de su cobijo, una pequeña oquedad en la montaña, como casi todos los días. Se sentó sobre una piedra ya habituada a él, muchos años de mutua compañía, contemplando un árbol, un ficus gigantesco. Silencio, sólo el viento agitaba silbando el árbol. El ermitaño le preguntó sin decir palabra: ¿Tu vida es útil a alguien? No esperaba, lógicamente ninguna respuesta…

ES HORA



Cuando la Vida me llamó y me dijo,
“Ya es hora de tu regreso”,
sentí que un fuego abrasador recorría todo mi cuerpo.
Siempre esperé este momento y sin embargo le temía.

Un salto al vacío, a la nada.
La pérdida de todo lo que soy.
Los recuerdos ya no aparecen.
Las imágenes no me dicen nada y se alejan.
Sólo siento el silencio,
la angustia del instante en que no hay nada,
peor que la más triste soledad.
Parece hacerse eterno el momento, 
ni siquiera la oscuridad existe.
Simplemente… nada.

¿Qué espero?
Mi mente se agotó.
Nada espero,
ni aún siquiera desespero.
Me siento
y en mi silencio cierro mis ojos
y sólo escucho mi corazón,
mi única compañía.
¿Un instante?
¿Una eternidad?
No sé,
todo se borró, 
desapareció.
Mi cuerpo ya no es mi cuerpo,
mi alma ya no es mi alma.

Soy,
sin cuerpo,
sin alma.
El Todo y la Nada.
Soy en el no ser.
Existo sin existir.
Vivo en la muerte y la muerte me da la vida.
Permanezco en la impermanencia.
Soy el Todo.
Soy la Nada.
Soy.




Ángel Hache

EN UNO DE TANTOS PRINCIPIOS



En la sala del Consejo de Ancianos se estaba tomando una decisión crucial. ¿Era el momento adecuado para tomar contacto y establecerse en el planeta, que en gestación, alumbraría por fin seres capaces de acoger almas provenientes de otros mundos?

No todos estaban de acuerdo, el riesgo del fracaso era grande y el tiempo para que los autóctonos alcanzaran cierto autoconocimiento de sí mismos demasiado largo. ¿Esperar o emprender el “descenso”? Implicarse podría ser considerado como una agresión si no era bien comprendida la labor que se iba a encomendar a quienes aceptaran el reto.

EL VIENTO HABLÓ



Tanto tiempo sintiendo tu ausencia. Me sentaba, meditabundo, mi mirada perdida en el horizonte, esperando…
Pasaba los días, los años, y tú no aparecías.
Cada día, sentado en la misma piedra, seguí, confiando que tu silueta se acercaría a la mía.
¡Me faltas tú! ¡Lo gritaba al viento!
Y el viento habló…

Fue en el callejón del Gato, una tarde de otoño en la vieja villa, donde te vi… Los dos entramos en él al mismo tiempo, ambos desde el lado opuesto, como sus espejos, como fue nuestra vida hasta ese instante. Tu vestido azabache mecido por el viento atrajo mi atención, mas fueron tus ojos verdes y tu sonrisa al cruzarnos la que te delató… ¡Eras tú, siempre tú!
Me miraste como sólo el amor sabe hacer. 
Mi alma me lo decía… Te reconocí y el fuego de tu cabello lo confirmó. Tu alma te lo dijo también.

Al alba de un nuevo día ya nada era igual que ayer. 
Nuestras manos se enlazaron para nunca más soltarse.

La piedra de mis confidencias, hoy, permanece vacía…


Ángel Hache

PRESENCIA SOLAR



Hay veces en la vida que me he sentido huérfano, no reconocía a mis padres como tales, lo digo con toda la sinceridad del mundo. Me sentía tan lejos de cuanto me rodeaba: conversaciones, expectativas de futuro, intereses cotidianos… que me reafirmaba en mi pensamiento. 

Con los años he comprendido que estaba en lo cierto y a la vez equivocado. 

LA BÚSQUEDA DE KAMALINI



  Caminaba Kamalini por las intrincadas callejuelas de la gran urbe, a la que entraba por primera vez. Le hablaron de un yogui que había trascendido su alma del mundo de maya, quería ver y escuchar de primera mano el mensaje de un buda viviente. Al contrario de lo que pensaba, y a pesar de su insistencia, nadie sabía darle indicaciones de dónde se encontraba tan singular personaje, como mucho le referían sobre diferentes templos con imágenes budistas, pero nada sobre un Buda viviente. Hasta llegó a pensar si todo habría sido el fruto de un sueño.

EL SACRIFICIO DEL SANTÓN KRISHNA



El santón Krishna llegó al poblado tras una larga caminata. Devi, la pequeña niña, continuaba muy enferma, la fiebre no descendía y temía lo peor. Las últimas lluvias provocaron inundaciones y contaminaron el pozo del  poblado, las autoridades no llegaron a tiempo de cerrarlo para evitar que varios ancianos fallecieran tras largos días de agonía por beber de éste. 

LA JAULA DE ORO


Gloria pidió ayuda a un anciano amigo: 

«Te hablo desde la desolación. ¿Qué pasa con el enorme dolor de un joven cada día más enfermo? 
»¡Dios! La soberbia me asalta. ¡Se me cruza la vida y la veo como una sombra, un sinsentido!
»Mi cuerpo y mi mente están cansados y no sé ayudar a  consolar. Hoy, las lágrimas brotan sangre.
»Te asalto, anciano. Entro en tu casa desesperada, con miedo, con dudas, con....
»Perdona, no te pertenece mi dolor, pero... me siento incapaz de  ayudar al ser que un día nació de mis entrañas y su pena me parte el alma.»


EL ANCIANO



Hoy vi al anciano. Me miró y siguió su camino.
Muchas preguntas ruedan en mi cabeza: hacía bastante tiempo que no sabía de él, incluso llegué a pensar que no le volvería a ver más. Pero  me equivoqué una vez más. Aquí estaba, en este mundo, como siempre se ha mostrado: un libro abierto y a la vez enigmático. Es fácil abrirlo, mas difícil que descubra sus tesoros a cualquiera.

UNA VIDA



Cuando el día y la noche se encuentran, en mi alma quedaron grabadas estas palabras:

«Una y otra vez reaviváis mi muerte y resurrección. Unos creéis que existí, otros no.
»Morí clavado en una cruz, no por vuestras imperfecciones sino porque era un peligro para el imperio romano y aún más para la jerarquía judía. Todo aquel que hace temblar los cimientos de una estructura caduca se enfrenta a las consecuencias. Mi mérito, si queréis verlo así, es haber “vencido” a la muerte y dejaros un mensaje sencillo;  por ello costoso, para quienes han complicado su vida, lastrando su alma con el poder terrenal. 

A MI PADRE



No tuvimos mucho tiempo para conocernos. Posiblemente vivíamos realidades diferentes a pesar de estar en el mismo mundo. Horas y horas pasaban cuando te marchabas de madrugada a traer “el pan de cada día”. Llegabas cansado, agotado… y este agotamiento sumado al dolor que siempre te acompañaba acabó por pasar “factura” a tu cuerpo. La guerra hizo sus estragos en el alma de tantas personas que les agotó las esperanzas, en la tuya.
Hoy tengo claro que sigo construyendo donde tú dejaste ladrillos apilados junto a las paredes que levantaste con tus propias manos. Son los pilares de un puente indestructible lo que tantas manos estamos trabajando.
Ahora lo ves todo más claro, dado que tu visión ha cambiado de perspectiva –es lo que tiene no estar atado a un cuerpo físico–. Ves con otros ojos, comprendiendo que no era banal tu paso por aquí. Eras y sigues siendo un eslabón necesario en la construcción de un mundo mejor. 
¿Volverás por aquí? 
Sé que no hay muro que nos separe a pesar de la “distancia”, que nada es cuando somos capaces de mirar un poco más lejos de lo que nos alcanza la vista. Hay realidades que sólo se ven con el alma amante. Y tú, hoy, eres real, envuelto en un cuerpo de luz. Aunque te recuerdo como eras, intuyo que eres mucho más…

¡Ah! Gracias papá. Tú ya sabes por qué.

Ángel Hache

EL BUSCADOR



Un día me levanté un poco aturdido por un sueño, que aunque no recuerdo en profundidad, me dejó más que pensativo. A partir de entonces me interesé por la existencia de vida en el cosmos y, sobre todo, por la posibilidad de que alguna civilización extraterrestre hubiera entrado en contacto con la nuestra.
Días más tarde abrí el periódico, pero esta no era una jornada más…: “Avistamiento de un objeto volante no identificado sobrevolando en pleno día la capital”, acompañado el texto por una imagen del ovni. Así me vi, sorprendido, y me dije “por qué no”. Quise investigar más... 

EN MÍ






¿Por qué te escondes alma mía?
 ¿Por qué este desespero, esta agonía?
 ¡Qué noche tan oscura!, ¡qué locura la mía!
 ¡Ay amor…, que tristeza, que congoja!
 ¿Eres real como el alba de cada día?
 Qué sentido vivir sin ti, en este mundo pueril.
 No puedo seguir… ¡Háblame!
 ¡Dime que estás ahí!
 O mejor, que estás en mí.


Ángel Hache

NADA TEMÁIS


Y el Maestro nos habló así:

“Nada temáis cuando caminéis entre sombras, pues las iluminaréis.
Nada temáis cuando os miren con desprecio, pues con vuestra sonrisa apagaréis toda humillación.
Nada temáis cuando os sintáis abatidos y tristes, Yo os consuelo.
Nada temáis  si no llegáis a vuestro destino, pues sólo existe el camino.
Nada temáis  cuando palpéis la soledad, Yo os hago compañía.
El temor no es más que el dolor latente de vuestro pasado que con amor se borra ante vosotros.
El temor es la incertidumbre de vuestro futuro que desaparece ante la luz de la confianza en el presente.
Al temor envolvedle siempre con vuestro amor.
Yo estoy en vosotros y vosotros en mí, antes, ahora y siempre.”


Ángel Hache

SIENDO



Te busqué, 
maestro, 
durante años, 
quizás siglos… 
No lo recuerdo, 
mas lo sé.

Seguí tus enseñanzas, 
más bien lo que creía que eran “tus enseñanzas”, 
aunque en realidad eran las mías. 

Adapté tus palabras a mi conveniencia, 
sin saberlo en un principio. 
Acabé enmarañado, 
sin ver ninguna salida. 

Creyendo que había sido “tocado” por la “luz”, 
cuando me sumí en la más absoluta oscuridad… la de mi alma.

Nada que buscar, 
ni encontrar, 
ni dogma, 
ni enseñanza, 
ni certeza, 
ni camino. 
Sólo yo, 
en la nada. 

Ahora sin ti, 
sin mí. 
Sin futuro ni pasado, 
sólo siendo.



Ángel Hache

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