Las palabras se las lleva el viento, su esencia permanece hasta que te liberas y ya nada te ata

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POESÍA ENCADENADA




De pequeño, cuando la inocencia me alimentaba más que el pan con aceite, me levantaba contento sin que hubiera más motivo que abrir los ojos con los primeros rayos del sol. Un vaso de leche con cacao, unas galletas…, y listo para salir a la escuela dispuesto a aprender algo nuevo, importante, que alimentara mi alma inquieta.
Recuerdo la mejor enseñanza de mis profesores, no lo que estaba escrito en tinta negra, sino el amor que brotaba en ellos al desentrañar entusiasmados los misterios de la vida: cómo el átomo se abre de par en par, el vuelo anual de las cigüeñas de retorno al nido que les vio nacer, los viajes de aventureros dando la vuelta al mundo, las entrañas del cuerpo humano, la diversidad de culturas, razas y animales que habitan el planeta… ¡Tanto por descubrir! Sotero, Eduardo, Bernardo, María, Cristina… Algunos de sus nombres que siguen en mi memoria como si fuera ayer. ¡Gracias!
Una inquietud se manifestaba sin cesar y de la que no podía librarme: ¿quién soy?..., me preguntaba. Me sentaba, dejando que las horas pasaran sin percibirlo, sobre una piedra de granito, tallada por las manos gastadas de un anónimo picapedrero, cuyo fin era el bordillo de una carretera y acabó siendo el banco de ancianos y niños. Miraba al cielo esperando respuestas, mas éstas no llegaban. Silencio, apartados mis sentidos de la realidad contigua. Únicamente veía al Sol desaparecer en el horizonte acompañado poco después del lucero de la tarde. La noche no tardaba en llegar y una voz reconocida de mujer, tras una ventana del tercer piso, me sacaba de mi sopor… Hora de volver, el mundo de los sueños esperaba mi llegada.
Hay veces que teniendo la evidencia ante nosotros somos incapaces de percibirla, por su cotidianidad. No, aún no era el momento.
Llega la adolescencia y con ella muchos cambios que se superponían unos a otros. Un mundo dentro de otro mundo estaba oculto esperando las primeras luces del alba. Y éste se mostró, abriendo algunos de sus pétalos como una flor, irremediablemente,  unas veces con sacudidas violentas y en ocasiones con ternura arrebatadora.
No sabía quién era aún y me fijé en ti, flor anónima, quise conocerte sin saber de tu presencia hasta que escuché tu delicada voz de adolescente pronunciando mi nombre… Otra vez desde una ventana… ¿Quién te lo dijo?
Me olvidé de mi existencia, sólo tú llenabas el vacío que arrastraba mi joven alma. El tiempo no me importaba, ni las hojas brotando de las ramas de los chopos, ni la lluvia primaveral mojando mi cuerpo, sólo tú… Sin saberlo tenías la respuesta a lo que, en esos momentos era, para mí, una nimiedad. Otra vez tenía la evidencia ante mí y no supe verla. Tampoco era el momento…
Tiempos convulsos, cimentando  una identidad que buscaba su lugar en el mundo. Intenté encajar allá donde mis pies me llevaban, sin éxito. No encontraba lugar de reposo, ni para mi cuerpo cansado ni para mi alma indagadora.
Otra vez, un encuentro, ¿fortuito?, hizo que te viera a ti, con otro rostro, otro nombre, en otro tiempo. Esta vez no dijiste mi nombre, ni estabas tras una ventana… Esperabas sentada, en el interior de la Tierra, sobre un banco de piedra, a alguien. No olvidé mi pregunta de la infancia, ni mi existencia, al contrario, todos mis sentidos estaban más alerta que nunca. Otro mundo, hasta ahora desconocido, comenzaba a mostrarse…; nuevamente, como una flor revelaba los secretos que ocultaban sus pétalos más íntimos.
Ahora, comenzaba a encajar las piezas que años atrás eran sólo “casualidades del destino”. Lo que fui viviendo desde la infancia era la respuesta, palabras que no supe, entonces, escuchar ni entender, pronunciadas desde la ventana de lo más profundo de mi alma. Tuve que “unificar el tiempo”, condensarlo, para que, juntas, las palabras, fueran un mensaje de poesía encadenada escrita colmada de sentido.

Ahora es el momento…

¿Quién soy?
Soy todas las palabras,
increadas,
manifestadas…,
eternas.
Soy yo en ti.
Eres tú en mí.
Yo soy la Vida.
Poesía encadenada.



Ángel Hache

TU CORAZÓN



Tu tic-tac,
de golpe,
sin avisar,
sin un adiós,
se alejó.
Silencio.
Tu voz callada.
Se paró el reloj.

Tu maquinaría, 
envejecida.
Tus manecillas,
pequeñas,
entrañables,
delicadas.
Marcabas los minutos,
 las horas,
de mis noches 
y mis días.
¡Cuántos años juntos!

Decían que eras frío, 
sin alma ni alegría.
¡Qué poco te conocían!
Te quedas,
ahora y aquí,
vivo en mí.

Mi corazón,
tu corazón,
late…
Tic-tac,
tic-tac,
tic-tac…
Y no es de metal.

Ángel Hache

HEBRAS DE VIDA




Me voy caminando lejos,
tan lejos como mi alma quiera 
y mi cuerpo aguante.
Me voy sin querer mirar atrás,
pa’que el dolor no me estalle.

Allá lejos quedan, 
días, meses, años.
Vividos, amados, odiados,
recordados, olvidados…

Jugando a las canicas,
corriendo, brincando.
Ajeno a todo,
mi infancia pasó
feliz…
sin conocer lo que después supe.
Lo que me selló.

Un día te vi
y como un rayo que atraviesa mi alma te sentí.
Una hebra tejió tu cuerpo y el mío,
tu alma y la mía.
Hilo invisible. 
Hebras de vida. 
Anteayer la muerte moraba en mí.
Ayer, hebras de vida…
junto a ti.

Hoy,
me voy caminando lejos,
tan lejos como mi alma quiera 
y mi cuerpo aguante.
Me voy sin querer mirar atrás,
pa’que el dolor no me estalle.

Hebras de vida. 
¿Recuerdas?
Junto a ti.


Ángel Hache

CAMINOS



Sentado en el parque. 
Sopla el viento de la tarde presagiando una noche fría. 
Sin ganas consigo levantarme dando los primeros pasos hacia el hogar.
Los viejos recuerdos se agolpan una vez más.
Los alejo, disipándose entre las hojas secas caídas en este otoño del alma. 
Mis pisadas acaban borrando sus efímeras huellas.
Ya nada son.
Ahora, sólo tengo por delante un futuro incierto.
Un tiempo por vivir en uno de tantos caminos a elegir de vuelta a casa.
Nada temo. 
Siento que es ahora cuando ya nada espero sino vivir en plenitud. 
Sin equipaje, sin pasado ni porvenir, solamente siendo.


Ángel Hache

Y NADA MÁS




Pasan noches, días
 y tú no estás.
 ¡Soledad! 
 ¡Qué ingrata compañía para quien no te ha llamado!
 ¿Y el futuro? 
 ¿Sin ti?
 No lo imagino.

Te veo,
 volver
 por misma la senda que marchaste,
 en un instante intemporal;
 radiante,
 sonriente,
 feliz.

Yo también sonrío.
 Tu mano con la mía.
 Tus pasos y los míos,
 por fin,
 dejan estelas en la mar.
 Huellas que vienen y van,
 una brisa de eternidad…
¿Somos los mismos?
 Sin preguntas,
 sin respuestas.
 Somos… y nada más.


Ángel Hache

EN LA ETERNIDAD


Cada noche me abandona 
con un ¡hasta pronto!
Un nuevo día se aleja una vez más.
¿Qué me deparará la oscuridad?
Tal vez no vea la madrugada que vi ayer.
Puede que mi cuerpo duerma al alba
el sueño que me lleve a otra realidad.
Quizás te vuelva a ver una vez más,
sin noche ni día,
donde tú y yo
quedamos aquella tarde de juventud.
¿Recuerdas? 

Yo sí…, en la eternidad.

Ángel Hache

DONDE ME PERDÍ


El cuerpo desangelado.
El alma con la mirada perdida en el horizonte.
Recordando, olvidando.
Nubes vienen y van… 
De paso, siempre de paso.
¿Qué hay más allá?
Quizás nada,
puede que todo.
¿Quién sabe?
¿Tú lo sabes?
¿Lo sé yo?
No basta creer…,
llegar hasta la línea y cruzarla.
Un paso más y seguir, 
hasta llegar donde me perdí,
donde tú estás
y yo no comprendí.


Ángel Hache

EN EL SILENCIO



Y en este silencio mi alma siente el calor de tu alma. 
Rio con tu risa.
Lloro con tu llanto. 
Tu temor lo hago mío.
Tu anhelo es el mío.
Tu mirada al pasado es la mía.

Estamos juntos, 
respirando la misma vida.
Viviendo la misma muerte pasando ante nosotros,
sonriendo al distinguirla ya en la distancia.
Tú y yo seguimos de la mano
caminando sobre aguas turbulentas 
hacia nuestro destino soñado…
al otro lado del mar.

Ángel Hache

JARDÍN DE MI ALMA



Dignidad, profundidad del alma.
Amor propio, aureola protectora.
Honradez, camino recorrido.
Fortaleza, ideal realizado.
Sinceridad, mano tendida.
Valor, abismo

LIBRE... EN TI

Te vi,
vi la vida pasar en ti.
¡No te alejes!
Déjame sentirte una vez más,
escuchar tus mudas palabras.
Alma,
al trasluz,
te muestras espléndida.
¡Vuela! ¡Vuela!

Alma mía,
dejo atrás el dolor
la aflicción…
¡soy libre!
¡Siempre lo he sido!
Hoy lo descubrí.

HIJOS DE LA TIERRA Y DEL SOL

Adán,
despiertas de un sueño profundo,
tus rodillas y manos ancladas en el barro.
Mirada escrutadora.
A tu lado mujer impar.
Hijos de la Tierra y del Sol.
Os levantáis con esfuerzo,
primeros pasos vacilantes.

Mano tendida,
mano aceptada.
Contemplada naturaleza,
belleza inigualable.
Pensamientos unidos.
Corazones latiendo al unísono,
sonido es de Amor.

EXISTIR

El sol despertando de su sueño.
La luz que me ilumina.
El viento que me acaricia.
La nube que con su forma alienta mi imaginación.
El árbol que me regala su sombra.
El mar que me acoge en su regazo.
El cielo que en su inmensidad calma mi angustia.
La piedra que me cuenta increíbles historias ancestrales.
La tarde que me lleva a mi niñez.
La noche, mi amada desconocida...
Y tu mirada penetrante que me cuenta en silencio
lo maravilloso que es existir.

Ángel Hache 

UNA MANO TENDIDA


UNA MANO TENDIDA

Y las dos líneas se cruzan,
se encuentran,
se funden.
Ya no hay arriba y abajo.
No estás tú por un lado

EXISTIR



El sol despertando de su sueño.
La luz que me ilumina.
El viento que me acaricia.
La nube que con su forma alienta mi imaginación.
El árbol que me regala

YA ES HORA DE TU REGRESO


YA ES HORA DE TU REGRESO


Cuando la Vida me llamó y me dijo:
“Ya es hora de tu regreso”,
sentí que un fuego abrasador recorría todo mi cuerpo.

Siempre esperé este momento y sin embargo le temía.

Un salto al vacío, a la nada.

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