Las palabras se las lleva el viento, su esencia permanece hasta que te liberas y ya nada te ata

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UNA HOGAZA



Tiempos convulsos los de ayer.
Hora de comer.
Mi plato vacío, el tuyo también.

Al viento grité mi rabia.
Un muro de hombres grises a sueldo de una mafia,
impide que tú y yo al otro lado vayamos.
Cuentan que manjares venidos de otros lares,
colman despensas y falacias.

¡Ay, pobre desgraciado!
Tu ventura de siervo es.
“Doctores” lo dicen y repiten hasta el hartazgo.
¡Duerme en lechos de fango!
¡Trabaja noche y día!
Cuando fatigado caigas, otras manos harán tu faena.
Reproducíos como conejos.
Como ellos, acabaréis de un golpe certero en el cogote…
Que al otro lado os espera la parca con grilletes y guadaña.
¡Malnacido!
¡Paria!
¡Sin valía!
¡Nunca serás nada!

Tantos años escuché su soflama que incluso creído fue en mi alma.
Perdida toda esperanza y vacía mi panza.
Lloré afligido por vez postrera.

Otras voces, distintas palabras, obraron el portento:
“¡Levántate y anda!” 

Tiempo anhelante el presente.
Ya de nada vale tu fútil proclama. 
No tienes poder, muros, ni doctos.
No te creo, a nadie engañas.
Tu mundo se derrumba más cada día,
el nuestro se arma de ladrillos y esperanza.
Construimos una realidad donde no tienen cabida el oro ni la plata. 

Fraternidad, nobleza y dignidad.
Valores amasados en la oscuridad, hoy lucen al alba.
Una hogaza destaca en tu mesa, en la mía…, en la nuestra.

“Tomad y comed… un pedazo de pan sin leyes ni comedia”.


Ángel Hache

AÑORANZA



Entre el Todo y la Nada hay un espacio, el mismo que separa y une una palabra y otra; el que me separa y me une a ti; el que convierte a la vida en muerte y a la muerte en vida.
Entre el Todo y la Nada quedamos tú y yo intactos, sacudidos por corrientes de vida que no comprendemos, desconociendo de dónde venimos y a dónde vamos.
Ahora, es un instante, un presente inasible que se aleja cuanto más quiero retenerlo.
Ahora, es cuanto tengo. 
Ahora nada poseo.
Soy la palabra no escrita, soñada y desfigurada al alba.
El reloj marca mi tiempo imparable, se acercan las doce…

Sueño… Añoro despertar.

Ángel Hache

EL RÍO



Le preguntó el discípulo al maestro: “¿Cuándo alcanzaré tu sabiduría? Ambos hemos nacido a la vez, vivido en la misma aldea, andado las mismas sendas, abandonado una vida placentera a cambio de convertirnos en mendigos. ¿Dónde me quedé rezagado?”

El maestro le contestó: “No soy tu maestro. Soy, como tú, un viajero, un peregrino, en busca de la verdad. Es cierto que nuestras vidas han sido paralelas. Los dos decidimos el mismo día salir rumbo a lo desconocido. Hemos escuchado las enseñanzas de Buda en boca de grandes hombres y practicado éstas según nuestra comprensión durante años. Siempre me has visto como a un hermano mayor. Te he tendido la mano cuando flaqueabas. En la enfermedad te he cuidado. Abrigado cuando tenías frío. En cierto modo me he hecho responsable de ti. Todo ello me ha enseñado que la práctica budista está siempre ante nosotros, a nuestra disposición. Tú sí has sido un verdadero maestro para mí. No estoy ni un paso por delante de ti, ambos somos las dos orillas de un mismo río: desde un lado queremos llegar al otro, cuando la liberación, la iluminación, es convertirse en el mismo río. Esto es lo que me has enseñado: tú y yo somos un solo ser con dos ojos para ver”.


Ángel Hache

VIENTO



¿Dónde estás humanidad?
¿Dónde los perros sin rabo?
¿Dónde los niños con infancia robada?
¿Dónde los justos con maletín y corbata?
¿Dónde mi padre y madre, enterrados en vida?
¿Dónde estás alma desgarrada?

Antes del alba te levantas maquinalmente,
un día y otro también.
Vas y vienes, vienes y vas.
Comienzas adolescente y acabas con el pelo cano,
un día y otro también.
Yendo y viniendo sin saber por qué.

Un día la parca llama a tu puerta,
no te levantas.
No por vaguedad.
Tu cuerpo enjuto, gastado, no puede más.
¡Empuja! ¡Abierta está!
¡Pasa hermana muerte y llévame al más allá,
donde encuentre una hogaza y un poco de paz!

¿Dónde estás humanidad? 
Te perdí la pista en la pubertad
cuando supe que mi sangre me la robaban sin más.
¿Cuál mi delito?
¿Nacer paria y crecer esclavo en el más acá?
Esclavo, paria… ¡Qué más da!
Tus palabras ya no me dañan.
¿Y tú quién eres, mi dueño?
¡Iluso!
Soy libre.
Viento sin cuerpo ni alma.
Voy de allá para acá.
Y tú, dueño de nada,
anclado con monedas de oro y nada más.
¡Adiós! 
¡Hasta nunca!
Me voy, 
tú te quedas acá,
en este reino de humo,
ilusión…
y nada más.


Ángel Hache


CAMPO DE SUEÑOS



Hay días que se quedan grabados, que nunca se olvidan, y de ellos los que, curiosamente, una cifra se repite una y otra vez. Hoy es uno de estos últimos. Me alegro que esté trascurriendo con normalidad, puede que los duendes ya se hayan cansado y todo quedó en el pasado. Recuerdo algunos de ellos, parecen tan lejanos… Quizás capté el mensaje subliminal y haya pasado a otra etapa, una en que la vida trascurra con cierta calma.
A veces me pregunto si fueron reales, porque sólo están en mi mente, nada de ellos puedo aprehender, traer al presente. Claro, que, lo que viví ayer mismo ya no está, y sin embargo, tanto éste como todos mis días han ido construyendo como granos de arena, la duna en que me he convertido, y como tal, estoy a merced de los vientos. Vientos que soplan al ritmo que mi alma impele. Pasaron los tiempos en que eran otros soplos los que conformaban mi efigie, empujado por lo que llamaba “destino” o el azar…

POESÍA ENCADENADA




De pequeño, cuando la inocencia me alimentaba más que el pan con aceite, me levantaba contento sin que hubiera más motivo que abrir los ojos con los primeros rayos del sol. Un vaso de leche con cacao, unas galletas…, y listo para salir a la escuela dispuesto a aprender algo nuevo, importante, que alimentara mi alma inquieta.
Recuerdo la mejor enseñanza de mis profesores, no lo que estaba escrito en tinta negra, sino el amor que brotaba en ellos al desentrañar entusiasmados los misterios de la vida: cómo el átomo se abre de par en par, el vuelo anual de las cigüeñas de retorno al nido que les vio nacer, los viajes de aventureros dando la vuelta al mundo, las entrañas del cuerpo humano, la diversidad de culturas, razas y animales que habitan el planeta… ¡Tanto por descubrir! Sotero, Eduardo, Bernardo, María, Cristina… Algunos de sus nombres que siguen en mi memoria como si fuera ayer. ¡Gracias!
Una inquietud se manifestaba sin cesar y de la que no podía librarme: ¿quién soy?..., me preguntaba. Me sentaba, dejando que las horas pasaran sin percibirlo, sobre una piedra de granito, tallada por las manos gastadas de un anónimo picapedrero, cuyo fin era el bordillo de una carretera y acabó siendo el banco de ancianos y niños. Miraba al cielo esperando respuestas, mas éstas no llegaban. Silencio, apartados mis sentidos de la realidad contigua. Únicamente veía al Sol desaparecer en el horizonte acompañado poco después del lucero de la tarde. La noche no tardaba en llegar y una voz reconocida de mujer, tras una ventana del tercer piso, me sacaba de mi sopor… Hora de volver, el mundo de los sueños esperaba mi llegada.
Hay veces que teniendo la evidencia ante nosotros somos incapaces de percibirla, por su cotidianidad. No, aún no era el momento.
Llega la adolescencia y con ella muchos cambios que se superponían unos a otros. Un mundo dentro de otro mundo estaba oculto esperando las primeras luces del alba. Y éste se mostró, abriendo algunos de sus pétalos como una flor, irremediablemente,  unas veces con sacudidas violentas y en ocasiones con ternura arrebatadora.
No sabía quién era aún y me fijé en ti, flor anónima, quise conocerte sin saber de tu presencia hasta que escuché tu delicada voz de adolescente pronunciando mi nombre… Otra vez desde una ventana… ¿Quién te lo dijo?
Me olvidé de mi existencia, sólo tú llenabas el vacío que arrastraba mi joven alma. El tiempo no me importaba, ni las hojas brotando de las ramas de los chopos, ni la lluvia primaveral mojando mi cuerpo, sólo tú… Sin saberlo tenías la respuesta a lo que, en esos momentos era, para mí, una nimiedad. Otra vez tenía la evidencia ante mí y no supe verla. Tampoco era el momento…
Tiempos convulsos, cimentando  una identidad que buscaba su lugar en el mundo. Intenté encajar allá donde mis pies me llevaban, sin éxito. No encontraba lugar de reposo, ni para mi cuerpo cansado ni para mi alma indagadora.
Otra vez, un encuentro, ¿fortuito?, hizo que te viera a ti, con otro rostro, otro nombre, en otro tiempo. Esta vez no dijiste mi nombre, ni estabas tras una ventana… Esperabas sentada, en el interior de la Tierra, sobre un banco de piedra, a alguien. No olvidé mi pregunta de la infancia, ni mi existencia, al contrario, todos mis sentidos estaban más alerta que nunca. Otro mundo, hasta ahora desconocido, comenzaba a mostrarse…; nuevamente, como una flor revelaba los secretos que ocultaban sus pétalos más íntimos.
Ahora, comenzaba a encajar las piezas que años atrás eran sólo “casualidades del destino”. Lo que fui viviendo desde la infancia era la respuesta, palabras que no supe, entonces, escuchar ni entender, pronunciadas desde la ventana de lo más profundo de mi alma. Tuve que “unificar el tiempo”, condensarlo, para que, juntas, las palabras, fueran un mensaje de poesía encadenada escrita colmada de sentido.

Ahora es el momento…

¿Quién soy?
Soy todas las palabras,
increadas,
manifestadas…,
eternas.
Soy yo en ti.
Eres tú en mí.
Yo soy la Vida.
Poesía encadenada.



Ángel Hache

EN LA BOCA DEL LOBO



Soy curioso. Me gusta asomarme a la ventana, mirar el horizonte y cuestionarme si hay algo más allá de éste. Así que suelo saltar por la ventana, aunque hay una puerta que suele ser más cómoda para salir de casa, serán los genes o quién sabe.
Cuando emprendo la ruta sin marcar de antemano me encuentro que hay bifurcaciones, preguntas que me hago y aparentemente me desvían del destino marcado… ¿o quizás es este el verdadero destino? Ni sé ni quiero saber.
Resulta que, aunque con recelo, me acerco a callejones oscuros a ver qué hay en ellos. Silenciosos, enigmáticos, inquietantes… Me gusta el peligro, desobedecer las señales de prohibición, los avisos de ¡cuidado!
Sé que me meteré en problemas, posiblemente innecesarios. La verdad es que ya me ha ocurrido, no una, sino infinidad de veces. Y me preguntaba, y aún lo hago, si merece la pena salirse de la línea marcada. Si no fuera por estas decisiones, hoy no sería quien soy. Y no me refiero a un nombre, sino a alguien que siente que merece la pena vivir, a pesar de todos los sinsabores del camino emprendido el día que decidí salir por la ventana por primera vez.
Me he metido “en la boca del lobo” sabiendo que saldría malherido, tocado y posiblemente hundido. He seguido mi intuición, las señales que sentía que me decían “por aquí”. ¿Eran verdaderas señales o mi ego que quería inflarse? Mi ignorancia de la vida es mi motor. Normalmente, tiempo después, he descubierto quién me movía en unas y otras ocasiones, qué señales eran auténticas y cuales no. Y descubrí que todas partían de una misma fuente, que no había ninguna dualidad. Que al otro lado del horizonte, en los callejones, en la boca del lobo…, en la luz y en la oscuridad e incluso en la tranquilidad del hogar, la respuesta estaba ahí, siempre ante mí donde quiera que me hallara.
Hay quienes pregonan que somos corderos a merced de lobos hambrientos, que hay que convertirse en lobo. Lo siento, me niego, como me niego a dejar que el destino marque mi vida. Seguiré marcando mis días y mis noches, mis mejores y peores momentos. Seguiré metiéndome en la boca del lobo, no para salvar a nada ni a nadie, sino para terminar de conocer al enemigo que vive dentro de mí mimetizado en el lobo hambriento que tengo delante.
Considero que no hay errores en las decisiones tomadas, todas nos acaban trayendo las respuestas a las preguntas que nos hacemos  lo largo de nuestra vida.

Ángel Hache


EL SILENCIO QUE UNE LAS PALABRAS



Frente a mí la secuencia de todos mis sueños y lo acontecido en la vigilia de mis días. Todo en un presente donde convivían sin mezclarse vivencias. Es como si lo experimentaran diferentes yoes a la vez, los que fui dejando atrás, según iban pasando los años vividos. Me preguntaba si realmente había hecho todo aquello. No me identificaba con muchos de ellos, mas era yo, no había ninguna duda. Mis diferentes cuerpos, pues así lo sentía, daban fe de ello. No sólo habían cambiado éstos, sino mi forma de ver, encarar, comprender, la vida. Y junto a todos los acontecimientos, aunque lo viví aparte -así lo percibí-, las ilusiones, los deseos irrealizados y los que pudieron ser si yo hubiera dicho “sí”  a lo que se me “regalaba”. Todo un mundo de placeres,  poder y gloria serían míos si… 
Las piedras que ante mí se  encontraban cobraban vida, me hablaban, e incluso me manifestaban que les ordenara lo que quisiera, ellas lo harían de buen grado. Los árboles mecidos por la brisa, susurraban su subordinación ante quien consideraban su rey. 
No, no podía ser real. Nada de lo que estaba viviendo podría serlo -me decía en silencio-, cuando, ante mí, reflejado cual espejo, sobre el agua de una pequeña charca, vi a alguien. Me asusté. Era otro yo, fue tomando forma humana, pero un yo con un gesto con el que no me reconocía: sonrisa burlona, gesto altivo y mirada penetrante, tanto que comencé a temblar. Me dijo: “Soy tú, el que has creado a través de tu vida, la consecuencia de todas tus experiencias, tus sentimientos ocultos, anhelos, frustraciones. Soy quien te ofrece en bandeja de plata este mundo en el que vives. Todo cuanto desees son órdenes para mí. Sólo has de permanecer aquí para siempre. Renacerás una y otra vez en cuerpos cada vez más perfectos, serás sabio entre los sabios, construirás lo que en tus sueños has visto, todo con sólo decir ‘sí, quiero’ ”.
Me sentí mareado. ¡Sí! ¡Sí! Escuchaba una y otra vez, con una cadencia que me atormentaba. 
¿Era esto un sueño más?
La negrura más absoluta cayó sobre mí, como una espesa niebla. Silencio. Un silencio aún más tenebroso llenaba el espacio, si es que era éste un lugar. No sabía qué podría ocurrirme después… Hasta que, cansado, me dejé caer desplomado, o eso creí… Vi mi propio cuerpo tendido, inerte, sin vida. Me acerqué a él y comprobé que no había el mínimo atisbo de vida. Mis mejillas se convirtieron en el canal por el que descendían mis lágrimas. Tanto tiempo juntos y ahora estaba solo, sin un punto de apoyo, sin nada a qué asirme. 
Todos mis yoes se disolvieron, absorbidos por una espiral a la que no veía final. Y con ellos, mis sueños, deseos, vivencias, dolores, alegrías. Todo cuanto había construido durante tanto tiempo, ahora se alejaba. ¿Qué quedaba de mí? Ni siquiera observaba en mí ninguna vislumbre de forma, ni manos, ni pies, ¡nada! Y sin embargo podía pensar. De algún modo existía.
¿Había dicho “sí”, acaso? No, aún no salió nada de mis entrañas, o lo que creía que podrían serlo.
En un instante, no sé cómo, dije “no”. Todo aquello era una ilusión. Me revelé. Lo que de verdad me mantenía vivo era el amor que fui capaz de ofrecer a cambio de nada. Éste no había sido llevado por la espiral, estaba conmigo y supe que yo era el amor que había construido a lo largo de las edades; eran unos “ladrillos” sin forma, ni consistencia alguna. Era el silencio que une las palabras, etéreo e intangible… 
Miré a mi alrededor, un hombre y una mujer unían sus cuerpos en una danza sin fin, de tal modo que sus formas se fundieron en una sola. Yo, sin saber cómo, me uní con ellos y en ellos. Por un momento la oscuridad y la luz dejaron de ser tales: “el silencio que une las palabras” se hizo carne una vez más. 

Nueve meses más tarde, fruto del amor, pude ver mis pies y manos una vez más. Esta vez dije “sí” sin dudarlo. Sí a la vida, al amor. No a la ilusión.

A. Hache

UN DÍA CUALQUIERA



Te levantas un día cualquiera. Todo parece rutinario, organizado, sin sobresaltos y… sin embargo, un instante, un segundo, ¡todo ha cambiado! Ya no habrá más rutina, todo lo que estaba construido se ha desmoronado como un castillo de naipes, quedan las cartas… caídas, que hay que recomponer una a una, pero ya nada será igual. La Vida te acaba de mostrar, puede que de una forma brusca, que lo pasado es eso, pasado. A partir de ahora hay que empezar de cero, aunque con la memoria de una “vida pasada” en esta misma existencia.

LA JOYA EN EL LOTO



Oculto en el mismo centro o corazón del loto hay un punto brillante de fuego eléctrico de un tono blanco azulado (la joya en el loto), circundado y completamente oculto por tres pétalos herméticamente cerrados. Alrededor de este núcleo central o llama interna, están dispuestos los nueve pétalos en círculos de tres pétalos cada uno, formando en total tres círculos. Dichos pétalos, igual que los tres centrales, están formados por la sustancia de los ángeles solares -sustancia que no sólo es sensoria como la que compone las formas de los tres mundos y los cuerpos lunares, sino que tiene una cualidad adicional de “yoísmo” o autoconciencia, que permite al ente espiritual, situado en el centro, adquirir por su intermedio, conocimiento, percepción y autorrealización.

EL PERDÓN



¿Deseas la PAZ?
Comienza por mirar en tu baúl.
¿Encuentras algún hecho que no te deje dormir?
¿Tienes cambios bruscos de humor?
¿Te desprecias?
¿Te desahogas descargando tu ira en los demás?
¿Te sientes inferior a otros?... ¿Superior?
¿Cuando miras el espejo sólo te ves a ti?
¿Tu tiempo, a quién se lo dedicas, cómo lo repartes?
¿Vives en una nube de algodón?
¿Has maltratado a otros? Y…, ¿a ti?
¿Has herido a alguien?
¿Robado?
¿Estafado?
¿Matado?
¿Cuántos pensamientos, sentimientos y actos borrarías de tu memoria?
¿No puedes?
Quizás no te perdonan, ni te perdonas y vives en una pesadilla que te amarga la existencia.
¿No es hora ya de acabar con este infierno?
Si quieres, de pie, sentado, arrodillado, tumbado,
en la calle, en tu habitación, en el campo o en un templo,
donde y como desees
cierra los ojos y con humildad 
OFRÉCELO TODO a la VIDA (según tu creencia o ausencia de ella).
Ten paciencia (la ciencia de la paz).
Recibirás una grata sorpresa y...
descubrirás una parte de ti, que tenías escondida...     

¡BUEN VIAJE!


Ángel Hache

CREO EN TI



No sabría por dónde empezar, ni siquiera es importante… sólo dejar que mis dedos sigan tecleando lo que mi ser está emitiendo.

 Soy mi propio instrumento: en mí se aglutina desde el “director” hasta el último “operario”. Pero no sabría distinguir a uno del otro, pues andan de un lado a otro de este cuerpo. Digo “cuerpo” por darle un nombre a algo que escapa a mi propia imaginación, pues tan pronto “siento” los pies en contacto con la tierra, como percibo cómo mi mente deja a un lado este cuerpo de carne y hueso para expandirse sin forma definida perdiéndose en alguna dimensión desconocida para este simple mortal. 

HAY QUE MORIR PARA RENACER



Hace ya nueve años de un sueño que ha supuesto un antes y un después en mi vida. No imaginaba que se cumpliría, ni sus consecuencias. Sé que una señal conduce a otra, mas entre ambas hay vivencias, experiencias que hacen que uno pueda crecer y subir un peldaño en la escalera del Amor. Hay que descender, o ascender, a este mundo de tres dimensiones, tocarlo, sentirlo, sufrirlo; hundirse en el fango y acabar amándolo. Sé que a veces no es nada fácil, pues hacerse humano es una elección libre que acarrea consecuencias, heridas en el alma que tardan en cicatrizar y también curaciones milagrosas que purifican. El mayor milagro es saberse eterno, nada ni nadie  podrá destruirlo. Este plano de la Vida es un sueño, una  ilusión, de la que acabamos despertando un día. La muerte no es más que un principio, el alba de un nuevo día en el que sabemos por experiencia y consciencia quienes somos en realidad…

SEMILLAS


Hace algún tiempo de tu visita. ¡Cuántas preguntas desde aquel inolvidable día! No lo tengo marcado en el calendario, sí en mi memoria intemporal. Pensaba que era el fruto de imaginaciones febriles, pero no, era demasiado para ser casual…

Todo comenzó años atrás, cuando en plena adolescencia mi alma descubrió un sentimiento hasta entonces dormido…, la primera señal que sólo comprendí mucho tiempo después.

COMO LAS ESTRELLAS



Pasan los días, los años. Recuerdo lo vivido y lo que no pude o no quise vivir.
¿Volver atrás? ¿Añorar el pasado? 

Quisiera volver a sentir el calor de quienes conocí y dejaron huella en mi vida.

¿Qué ha sido de los que me quisieron y los que me rechazaron? 

¿Habrán alcanzado el objetivo de su vida?

¿Serán felices?

EL FICUS Y EL ERMITAÑO



El viejo ermitaño salió de su cobijo, una pequeña oquedad en la montaña, como casi todos los días. Se sentó sobre una piedra ya habituada a él, muchos años de mutua compañía, contemplando un árbol, un ficus gigantesco. Silencio, sólo el viento agitaba silbando el árbol. El ermitaño le preguntó sin decir palabra: ¿Tu vida es útil a alguien? No esperaba, lógicamente ninguna respuesta…

ES HORA



Cuando la Vida me llamó y me dijo,
“Ya es hora de tu regreso”,
sentí que un fuego abrasador recorría todo mi cuerpo.
Siempre esperé este momento y sin embargo le temía.

Un salto al vacío, a la nada.
La pérdida de todo lo que soy.
Los recuerdos ya no aparecen.
Las imágenes no me dicen nada y se alejan.
Sólo siento el silencio,
la angustia del instante en que no hay nada,
peor que la más triste soledad.
Parece hacerse eterno el momento, 
ni siquiera la oscuridad existe.
Simplemente… nada.

¿Qué espero?
Mi mente se agotó.
Nada espero,
ni aún siquiera desespero.
Me siento
y en mi silencio cierro mis ojos
y sólo escucho mi corazón,
mi única compañía.
¿Un instante?
¿Una eternidad?
No sé,
todo se borró, 
desapareció.
Mi cuerpo ya no es mi cuerpo,
mi alma ya no es mi alma.

Soy,
sin cuerpo,
sin alma.
El Todo y la Nada.
Soy en el no ser.
Existo sin existir.
Vivo en la muerte y la muerte me da la vida.
Permanezco en la impermanencia.
Soy el Todo.
Soy la Nada.
Soy.




Ángel Hache

NUESTRO SER




Nuestro Ser, quiero decir el que somos en realidad, vive en multitud de dimensiones, en cada una con un objetivo concreto. Cada uno tenemos una personalidad, que es la suma de millones de células, organizadas en órganos necesarios para la vida. ¿Cada una de ellas es ajena al resto? Nuestra personalidad reside en cada una de ellas, pero si una célula muere, ¿muere la personalidad, o ésta sobrevive creando nuevas células? Del mismo modo a un nivel más global, incluyente, nuestra alma tiene multitud de experiencias vitales, encarnaciones, cada una cumple una función necesaria para la vida del alma. A un nivel aún más incluyente, el espíritu engloba a diferentes almas, éstas cumplen una función, igualmente vital, para el espíritu que las ha creado. Y dicho espíritu no es más que una "célula" de un cuerpo mayor cumpliendo una función vital. Toda célula en la dimensión en que se mueve, no está aislada sino que está conectada al Ser. La diferencia reside en ser consciente o no de esta conexión y en colaborar o no conscientemente en la expansión infinita y experimentación de la Vida de Ser, que solemos llamar Dios. Cuando salimos del aislamiento (egoísmo) somos receptivos a otras dimensiones, es lo que han venido demostrando muchas "células" a través de la historia humana -amad, dicen esas voces-. Y la Vida se expande tanto hacia "arriba" como hacia "abajo"; en el interior de tu cuerpo como en el interior de la Tierra, que también es un cuerpo, del que somos cada uno una célula. Hay vida en Todo, pues Todo es vida. Si expandimos nuestra conciencia las barreras desaparecen y lo oculto se muestra, pero no más de lo que podamos "soportar", no sea que tanta luz nos fulmine.

Ángel Hache

UN RADIANTE SOL



El Sol me ilumina, 
le doy la espalda y creo una sombra. 
La observo. 
En mi pecho brilla ahora un radiante sol que la disuelve en su luz.

Ángel Hache

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