Septiembre 12 del 2…
¿Por qué, Hermano de mi alma, no tendré en cuenta tus consideraciones cuando llegan a mi mente con la suavidad del susurro?
Pero tenía tanto interés, como si en ello me fuera la vida, de ir a Israel, a Tierra Santa, y poder vivir allí, recordar y disfrutar de todo lo que hay anclado en mi alma, que aunque me hubieses gritado no te habría escuchado.
Ayer aterrizamos de nuevo en casa. No tengo que decirte cómo me siento, Hermano. Lo sabes de sobra. Una semana en Tierra Santa, se cumplió mi sueño, pero para mi alma ha sido una pesadilla.
También es cierto que Tú eres como eres, y no podías permitir que volviera de allí con esa sensación. Y me hiciste dos regalos maravillosos. ¡Gracias, Hermano del Alma! ¡Sólo Tú eres capaz de esos detalles tan entrañables!
Han pasado ya casi 20 siglos desde entonces, y nada más entrar en el aeropuerto de Madrid con destino a Tel Aviv, ya me quedé atónita. Las medidas de seguridad eran muy fuertes, como si el destino elegido fuera una zona de guerra. La verdad es que sí hay una guerra, “fría”. Todos lo sabemos.

