Las palabras se las lleva el viento, su esencia permanece hasta que te liberas y ya nada te ata

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UNA OLA LLEGA




En un mar que se agita a su libre albedrío,
intento tras intento,
nado,
unas veces a favor y otras contracorriente.
Las olas vienen,
no sé su procedencia ni su destino,
simplemente fluyen,
¿es necesario saber más?
Así,
día a día,
mi cuerpo,
mi alma,
aprende y olvida. 
Una ola llega,
me voy con ella…
donde me quiera llevar.


Ángel Hache


TU CORAZÓN



Tu tic-tac,
de golpe,
sin avisar,
sin un adiós,
se alejó.
Silencio.
Tu voz callada.
Se paró el reloj.

Tu maquinaría, 
envejecida.
Tus manecillas,
pequeñas,
entrañables,
delicadas.
Marcabas los minutos,
 las horas,
de mis noches 
y mis días.
¡Cuántos años juntos!

Decían que eras frío, 
sin alma ni alegría.
¡Qué poco te conocían!
Te quedas,
ahora y aquí,
vivo en mí.

Mi corazón,
tu corazón,
late…
Tic-tac,
tic-tac,
tic-tac…
Y no es de metal.

Ángel Hache

HEBRAS DE VIDA




Me voy caminando lejos,
tan lejos como mi alma quiera 
y mi cuerpo aguante.
Me voy sin querer mirar atrás,
pa’que el dolor no me estalle.

Allá lejos quedan, 
días, meses, años.
Vividos, amados, odiados,
recordados, olvidados…

Jugando a las canicas,
corriendo, brincando.
Ajeno a todo,
mi infancia pasó
feliz…
sin conocer lo que después supe.
Lo que me selló.

Un día te vi
y como un rayo que atraviesa mi alma te sentí.
Una hebra tejió tu cuerpo y el mío,
tu alma y la mía.
Hilo invisible. 
Hebras de vida. 
Anteayer la muerte moraba en mí.
Ayer, hebras de vida…
junto a ti.

Hoy,
me voy caminando lejos,
tan lejos como mi alma quiera 
y mi cuerpo aguante.
Me voy sin querer mirar atrás,
pa’que el dolor no me estalle.

Hebras de vida. 
¿Recuerdas?
Junto a ti.


Ángel Hache

A MI PADRE



No tuvimos mucho tiempo para conocernos. Posiblemente vivíamos realidades diferentes a pesar de estar en el mismo mundo. Horas y horas pasaban cuando te marchabas de madrugada a traer “el pan de cada día”. Llegabas cansado, agotado… y este agotamiento sumado al dolor que siempre te acompañaba acabó por pasar “factura” a tu cuerpo. La guerra hizo sus estragos en el alma de tantas personas que les agotó las esperanzas, en la tuya.
Hoy tengo claro que sigo construyendo donde tú dejaste ladrillos apilados junto a las paredes que levantaste con tus propias manos. Son los pilares de un puente indestructible lo que tantas manos estamos trabajando.
Ahora lo ves todo más claro, dado que tu visión ha cambiado de perspectiva –es lo que tiene no estar atado a un cuerpo físico–. Ves con otros ojos, comprendiendo que no era banal tu paso por aquí. Eras y sigues siendo un eslabón necesario en la construcción de un mundo mejor. 
¿Volverás por aquí? 
Sé que no hay muro que nos separe a pesar de la “distancia”, que nada es cuando somos capaces de mirar un poco más lejos de lo que nos alcanza la vista. Hay realidades que sólo se ven con el alma amante. Y tú, hoy, eres real, envuelto en un cuerpo de luz. Aunque te recuerdo como eras, intuyo que eres mucho más…

¡Ah! Gracias papá. Tú ya sabes por qué.

Ángel Hache

SÓLO EL ALMA QUEDA


Voz que grita,
alma callada.

Pensamientos,
viniendo,
llevando,
anhelos futuros,
vivencias pasadas.

Todo ante mí existiendo.
Torbellinos de vida.
Ansias, desesperanza.

Sentimientos,
vuelan,
nadan.
Acariciando la cima,
perdidos en la sima.
Atormentando,
gozando.

Sólo el alma queda en la esperanza,
lejos del tiempo, cerca de la nada.

Sólo el alma queda con la palabra callada.




Ángel Hache 

SINFONÍA



Otros nombres, otros rostros. Muchas tierras pisaron nuestros pies. Alentados por un deseo innato grabado a fuego, acordamos un nuevo encuentro y aunque nuestras personalidades sean hoy completamente diferentes y aun bañadas por la amnesia, un hilo conductor haría posible lo que nuestras almas anhelan. Nos planteamos nuevos retos, sabríamos que viejos conflictos podrían aparecer, más también conocíamos la fuerza

ALGO QUE APRENDER


Lejos de influencias, dónde sólo debía escuchar en el silencio a mi corazón, los latidos me susurran que sólo los humildes saben, los demás andamos perdidos en las miasmas de la mente. Y digo "andamos" porque soy uno de tantos que buscan; aunque intuyo que no hay nada que buscar, sólo ser, vivir cada instante como vive una flor, sin preguntas: solamente agradeciendo. No pretendo nada más. No soy un ser humilde, aún tengo mucho que aprender. Intento cada día hacerlo un poco mejor, no siempre lo consigo. También sé del Amor que Él (Cristo) es capaz, y quisiera con toda mi alma estar a la altura y responder a su llamada. Sé que he de seguir con pequeños pasos y esta vida sencilla y alcanzar a ser una sola Voluntad.
Sólo soy un pequeño átomo de vida entre infinitos átomos que se dispersan, se buscan, se encuentran y  siguiendo un camino que no está trazado de antemano. Soy parte de la vida jugando a vivir.

Ángel Hache

TENEMOS ALGO EN COMÚN: EL PERDÓN




Sonó el timbre con fuerza, retumbó en la habitación donde descansaban Marta y Matías sobresaltándoles.

El día había sido agotador, pues los disturbios ocurridos en las calles de la ciudad tras la huelga general que se había convocado contra el gobierno pidiendo trabajo, pan y libertad, acabaron con estallidos de violencia.
Hubo varias explosiones frente al congreso, los ánimos estaban caldeados. A duras penas consiguieron llegar a casa después de pasar por varios controles policiales, viendo cómo eran detenidas varias personas sólo por su aspecto sospechoso: unos

LAS GOLONDRINAS



Hoy, cansado de tanto andar, descanso.
Ahora, saturada la mente, me aquieto.
Sosiego.
La brisa mece la higuera al compás de una sintonía que no alcanzo a escuchar.
Silencio.

Una golondrina se posa por primera vez junto al olivo.
Sin temor me observa y canturrea. Otra revolotea y se une a ésta.
Ambas emprenden una conversación muy animada, quizás el preludio de un cortejo primaveral.
Observo. Sus miradas con la mía se cruzan. Parecen sonreír.
Una ráfaga de viento enturbia el instante.
Vuelan… Se alejan y sé con seguridad que volverán.

Mi mente sosegada.
Alivio.
Ahora, doy gracias por este presente en la eternidad.
Mi alma vuela con ellas, una vez más.


Ángel Hache

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