Las palabras se las lleva el viento, su esencia permanece hasta que te liberas y ya nada te ata

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EN UNO DE TANTOS PRINCIPIOS



En la sala del Consejo de Ancianos se estaba tomando una decisión crucial. ¿Era el momento adecuado para tomar contacto y establecerse en el planeta, que en gestación, alumbraría por fin seres capaces de acoger almas provenientes de otros mundos?

No todos estaban de acuerdo, el riesgo del fracaso era grande y el tiempo para que los autóctonos alcanzaran cierto autoconocimiento de sí mismos demasiado largo. ¿Esperar o emprender el “descenso”? Implicarse podría ser considerado como una agresión si no era bien comprendida la labor que se iba a encomendar a quienes aceptaran el reto.

PRESENCIA SOLAR



Hay veces en la vida que me he sentido huérfano, no reconocía a mis padres como tales, lo digo con toda la sinceridad del mundo. Me sentía tan lejos de cuanto me rodeaba: conversaciones, expectativas de futuro, intereses cotidianos… que me reafirmaba en mi pensamiento. 

Con los años he comprendido que estaba en lo cierto y a la vez equivocado. 

ÉL


Eran días de incertidumbre, desasosiego, temor… ¿Qué nos deparaba el destino ahora que Él no se encontraba con nosotros? Revivíamos una y otra vez los años que estuvimos juntos. Tantos momentos que no supimos comprender, perdidos es nuestras discusiones e ilusiones mundanas; pero era así como debía ser, nuestras almas estaban en la forja. Golpe a golpe, en el calor del fuego, íbamos adoptando una forma determinada; y no era Él quien los daba, éramos nosotros mismos, llenos de orgullo y vanidad, quienes sin saberlo gestábamos un nuevo ser en nosotros. ¡Nos quemábamos tanto! Y sólo así fue posible llegar al intenso fuego que acabó con nuestras expectativas banales. El mesías que esperábamos se fue, diluido en las enseñanzas de nuestros mayores que ya no nos confortaban.

UNA VIDA



Cuando el día y la noche se encuentran, en mi alma quedaron grabadas estas palabras:

«Una y otra vez reaviváis mi muerte y resurrección. Unos creéis que existí, otros no.
»Morí clavado en una cruz, no por vuestras imperfecciones sino porque era un peligro para el imperio romano y aún más para la jerarquía judía. Todo aquel que hace temblar los cimientos de una estructura caduca se enfrenta a las consecuencias. Mi mérito, si queréis verlo así, es haber “vencido” a la muerte y dejaros un mensaje sencillo;  por ello costoso, para quienes han complicado su vida, lastrando su alma con el poder terrenal. 

A SU CREADORA



Un remanso de paz siento en mí, fluyo en la profundidad del Universo. Y escucho:
«Me acerco a ti, sigiloso, en silencio. Recorro espacios infinitos yendo a tu encuentro.
»Tu luz, tenue al principio, casi imperceptible, está extendiéndose por el firmamento y reclama mi atención. 

SIN MIEDO



Para ser feliz no dependo de ti, 
de tu alegría o tristeza. 
Dependo de mí, 
de la ausencia de temor.
Sin deseo y sin miedo no me angustio ni desespero.

Libre soy, 
puesto que nada poseo. 
Sin máscaras ni apegos,
en la debilidad y fortaleza,
en la alegría y tristeza.

No espero.
Siento cómo mi vida se dilata.
Contemplo mi crecimiento en silencio
y aún dentro de mí soy ajeno a mí.
Si florezco en primavera, 
bien.
Si no soporto los rigores del invierno,
también.

Volveré una y otra vez
hasta que por sí sola
mi alma florezca. 
Una más entre millones,
con la savia de la Tierra y la luz del Sol.

Y te contemplaré desde dentro y fuera.
Y me descubriréis en cada una de vuestras almas.
Libre, 
sin miedo.
Sencillamente siendo.


Ángel Hache

EL BUSCADOR



Un día me levanté un poco aturdido por un sueño, que aunque no recuerdo en profundidad, me dejó más que pensativo. A partir de entonces me interesé por la existencia de vida en el cosmos y, sobre todo, por la posibilidad de que alguna civilización extraterrestre hubiera entrado en contacto con la nuestra.
Días más tarde abrí el periódico, pero esta no era una jornada más…: “Avistamiento de un objeto volante no identificado sobrevolando en pleno día la capital”, acompañado el texto por una imagen del ovni. Así me vi, sorprendido, y me dije “por qué no”. Quise investigar más... 

LUCE EL SOL



En mi noche la Luna me arropa con su manto. 
Descanso en calma.
La Inmensidad se hace Presente.

Este instante… 
con paz, 
serenidad, 
confianza…
en mi alma.

Luce el Sol.
Con ÉL,
 de la mano, 
siempre…



Ángel Hache

NADA TEMÁIS


Y el Maestro nos habló así:

“Nada temáis cuando caminéis entre sombras, pues las iluminaréis.
Nada temáis cuando os miren con desprecio, pues con vuestra sonrisa apagaréis toda humillación.
Nada temáis cuando os sintáis abatidos y tristes, Yo os consuelo.
Nada temáis  si no llegáis a vuestro destino, pues sólo existe el camino.
Nada temáis  cuando palpéis la soledad, Yo os hago compañía.
El temor no es más que el dolor latente de vuestro pasado que con amor se borra ante vosotros.
El temor es la incertidumbre de vuestro futuro que desaparece ante la luz de la confianza en el presente.
Al temor envolvedle siempre con vuestro amor.
Yo estoy en vosotros y vosotros en mí, antes, ahora y siempre.”


Ángel Hache

YO SOY LUZ



Yo soy… 
Luz.
Oscuridad.
Tinieblas.
Claridad.
Algarabía.
Silencio.
Palabra.
Vacío.
Desesperación.
Confianza.
¡Y siempre, Alma mía, siempre conmigo, en mí!

Yo soy…


Ángel Hache

LA CREACIÓN




El mar creó los peces para descubrirse a si mismo.
La tierra creó a las plantas para sentirse,
a los animales para fortalecerse,
y ...
al ser humano para valorarse.
El cielo creó las aves para verse.
El universo creó las estrellas para contemplarse.

Y…
Yo creé el Espíritu de la Vida para manifestarme en vosotros, 
en Mí.


Ángel Hache

YO SOY TÚ




Yo soy…
La tierra que pisas.
El agua que bebes.
El aire que respiras.
El Sol que te calienta.
Y el cielo que te cubre.

 
Yo soy…
La piedra que pisas.
El árbol que te regala su fruto.
El pez que te transmite paz.
El perro que con amor va donde quiera que vayas.
El ave que en su vuelo te revela tu esencia.

 
Yo soy…
El bebé que amamantas con ternura.
El niño que enseñas a caminar asido a tu mano.
El adolescente que descubre la vida alrededor.
El joven que busca su lugar en el mundo
para alcanzar la madurez.
El anciano que sabe cuánto le queda por aprender.

 
Yo soy…
El  Ser humano amante del misterio de la vida.
El Alma de tu Universo en sus múltiples manifestaciones.
El Espíritu que crea el firmamento.

 Yo soy el Todo y la Nada.
Yo soy TÚ.
TÚ eres YO.


Ángel Hache

NUNCA MÁS



Luce el sol.
Amaneció,
tras una larga noche de dudas,
temores,
recuerdos, 
pasiones, 
tristezas, 
alegrías.

Lo pasaste mal. 
Te avisé:
 “Nunca dejes de confiar”. 
Creer que la felicidad existe no es una locura, 
la locura es estar cuerdo todo el día.

Otra vez tu mente te la jugó y quiso que sufrieras,
toma las riendas y deja que brille con luz propia tu alma.
Está deseando abrazarte y decirte:
“¡ya era hora!, ¡bienvenida a la Vida!”

Que las leyes del pasado ya no te gobiernen nunca más.
El presente es la ley del Amor,
la noche quedó atrás.
No más miedos.
¡Nunca más! 
                                             


Ángel Hache

EL ERMITAÑO




Después de una larga caminata llegó Bernardo a la cueva donde se encontraba el ermitaño. Llevaba consigo el alimento que éste necesitaba para dos semanas. Nadie más se acercaba allí, apartado de cualquier camino. Muy pocos conocían el acceso a este recóndito lugar, sólo los monjes del monasterio al que pertenecía sabían de su existencia.

 Desde la entrada se divisaba el valle. El Sol lucía en su cenit y el calor era agobiante. Gracias a los árboles que casi ocultaban el acceso se hacía soportable. Las rocas reflejaban el calor como si de fuego se tratase.

MI ESTACIÓN



Con mi bastón, ligero de equipaje. Sin mapa ni guía.
Sin trayecto trazado voy  caminando.

El día llegando a su fin.
El cansancio haciendo mella.
A la vera del camino me siento.
Parada forzada.

Una bandada de pájaros guiados por las estrellas sigue su rumbo.
Conocen su ruta para subsistir. Las estaciones sus vidas van marcando.
La primavera florecida, el verano reluciente, el otoño dorado, el invierno gélido.

Así, cavilando, el sueño me va venciendo.
El Sol emerge.
Me levanto, doy unos pasos y sigo caminando.
Y me voy preguntando…
¿Cuál estación marca mi tiempo?
Qué importa,
ni el futuro ni el pasado...
Sólo sigo la estela de los pájaros.


Ángel Hache

¿QUIÉN SOY?



Entre tú y yo:

Un cristiano me dice que soy budista. El budista me califica de agnóstico. El agnóstico se reafirma en que soy ateo y éste que soy un místico. El místico me califica de científico, éste que soy espiritualista. El espiritualista que soy musulmán, éste que soy judío. El judío que soy jainista, éste que soy hinduista. El hinduista que soy taoísta, éste que…

–¿Pero tú qué eres?

–No soy “qué”, sino “quién”. Cuando sepas quién eres tú, sabrás quién soy yo.


Ángel Hache

EL MANANTIAL



Bebí de muchas fuentes, todas saciaron mi sed durante un tiempo. Mas seguí teniendo sed. ¿Es posible encontrar un manantial del que beber en cualquier momento? –Me pregunté.
Como cada noche dormí y soñé… Mi cuerpo entraba en el mar, sentí cómo el agua rozaba mi piel. Ésta se erizó debido a la baja temperatura, tanto que comencé a temblar. Vibraba todo mi ser de tal manera que ya no veía mis manos ni mis pies… Todo fue disolviéndose como la sal en un vaso de agua. Entonces me di cuenta que seguía pensando, sintiendo, viendo, pero ya no era yo, sino “otro yo” constituido por… ¡agua! ¡Yo era agua! Soy el mar.
Desperté.
Comprendí que ya no tendría sed nunca más.

Ángel Hache

A SU CREADORA



 Un remanso de paz siento en mí, fluyo en la profundidad del Universo. Y escucho:
«Me acerco a ti, sigiloso, en silencio. Recorro espacios infinitos yendo a tu encuentro.
»Tu luz, tenue al principio, casi imperceptible, está extendiéndose por el firmamento y reclama mi atención. 
»No sufras más, yo te acojo y te acurruco. Descansa plácidamente, como si nunca hubieras estado allí, como si nunca hubieras

EL SONIDO DEL SILENCIO


El mejor sonido: el silencio. 

En el silencio escuchamos sin interferencias lo que nos dice el alma.
El alma no te engaña: te pone frente a frente contigo mismo, sin artificios ni máscaras...
Sin máscara ya sólo puedes ser tú mismo: un alma encarnada imperfecta.
En la imperfección descubres la imagen que tu Espíritu anhela para ti.
Dicha imagen cambia según tu alma se expande y se desprende de tantas y tantas vestiduras que has llevado a través de las edades siendo ya un lastre, un peso que llega a ser insoportable.
El vuelo del Espíritu, el ser que eres en realidad, es eterno, perfecta imperfección.
El alma que se sabe Espíritu ya no teme. Nada busca, nada desea, nada posee y aun así se sumerge una y otra vez en las esferas de la ilusión, de la irrealidad… olvidando una y otra vez por Amor quién Es, por Amor a ti. 
El silencio…, el sonido del alma.

Ángel Hache

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