Hace dos mil años, en una
sociedad donde unos pocos tienen el control económico, político, social,
religioso –léase romanos y sus lacayos: la jerarquía religioso-política judía–,
la libertad se limita hasta tal punto en que ésta consiste en conseguir el
sustento diario y con el gravamen de la entrega de gran parte de la riqueza
generada a quienes detentan el poder, tanto en tributos, como en especie.
Jesús se decantó por denunciar la
opresión a que su pueblo era sometido, lo que le granjeó la enemistad del poderoso
y la confusión entre aquellos que le
escucharon y siguieron. Gran parte de ellos le veían como un líder que les
llevaría a la victoria frente a sus opresores. La espada colgaba de la cintura
de muchos de ellos, algo que Jesús consintió, ¿por qué?
