Nuestros
cansados cuerpos se posaron en la nieve, sobre una roca. Ante nuestros ojos
una panorámica inigualable. Nos
aquietamos contemplando tan sublime belleza dejándonos impregnar de la energía
del lugar.
Meryem pensó
en alto:
—Al mismo
tiempo, en otro lugar similar, una ceremonia está a punto de comenzar.
—Así es —le confirmé—, un lugar que no aparece en los
mapas y sin embargo tan real como en el que nos encontramos.
Y continué:
—Un valle
donde se dan cita en el plenilunio de Tauro aquellos que expresan en su fuero
interno la voluntad enfocada al desarrollo espiritual del ser humano; al
despertar de la conciencia para toda la humanidad; al encuentro con el maestro
que hay dentro y fuera de uno: La Ceremonia de Wesak.

