Las palabras se las lleva el viento, su esencia permanece hasta que te liberas y ya nada te ata

EN LA BOCA DEL LOBO



Soy curioso. Me gusta asomarme a la ventana, mirar el horizonte y cuestionarme si hay algo más allá de éste. Así que suelo saltar por la ventana, aunque hay una puerta que suele ser más cómoda para salir de casa, serán los genes o quién sabe.
Cuando emprendo la ruta sin marcar de antemano me encuentro que hay bifurcaciones, preguntas que me hago y aparentemente me desvían del destino marcado… ¿o quizás es este el verdadero destino? Ni sé ni quiero saber.
Resulta que, aunque con recelo, me acerco a callejones oscuros a ver qué hay en ellos. Silenciosos, enigmáticos, inquietantes… Me gusta el peligro, desobedecer las señales de prohibición, los avisos de ¡cuidado!
Sé que me meteré en problemas, posiblemente innecesarios. La verdad es que ya me ha ocurrido, no una, sino infinidad de veces. Y me preguntaba, y aún lo hago, si merece la pena salirse de la línea marcada. Si no fuera por estas decisiones, hoy no sería quien soy. Y no me refiero a un nombre, sino a alguien que siente que merece la pena vivir, a pesar de todos los sinsabores del camino emprendido el día que decidí salir por la ventana por primera vez.
Me he metido “en la boca del lobo” sabiendo que saldría malherido, tocado y posiblemente hundido. He seguido mi intuición, las señales que sentía que me decían “por aquí”. ¿Eran verdaderas señales o mi ego que quería inflarse? Mi ignorancia de la vida es mi motor. Normalmente, tiempo después, he descubierto quién me movía en unas y otras ocasiones, qué señales eran auténticas y cuales no. Y descubrí que todas partían de una misma fuente, que no había ninguna dualidad. Que al otro lado del horizonte, en los callejones, en la boca del lobo…, en la luz y en la oscuridad e incluso en la tranquilidad del hogar, la respuesta estaba ahí, siempre ante mí donde quiera que me hallara.
Hay quienes pregonan que somos corderos a merced de lobos hambrientos, que hay que convertirse en lobo. Lo siento, me niego, como me niego a dejar que el destino marque mi vida. Seguiré marcando mis días y mis noches, mis mejores y peores momentos. Seguiré metiéndome en la boca del lobo, no para salvar a nada ni a nadie, sino para terminar de conocer al enemigo que vive dentro de mí mimetizado en el lobo hambriento que tengo delante.
Considero que no hay errores en las decisiones tomadas, todas nos acaban trayendo las respuestas a las preguntas que nos hacemos  lo largo de nuestra vida.

Ángel Hache


EL SILENCIO QUE UNE LAS PALABRAS



Frente a mí la secuencia de todos mis sueños y lo acontecido en la vigilia de mis días. Todo en un presente donde convivían sin mezclarse vivencias. Es como si lo experimentaran diferentes yoes a la vez, los que fui dejando atrás, según iban pasando los años vividos. Me preguntaba si realmente había hecho todo aquello. No me identificaba con muchos de ellos, mas era yo, no había ninguna duda. Mis diferentes cuerpos, pues así lo sentía, daban fe de ello. No sólo habían cambiado éstos, sino mi forma de ver, encarar, comprender, la vida. Y junto a todos los acontecimientos, aunque lo viví aparte -así lo percibí-, las ilusiones, los deseos irrealizados y los que pudieron ser si yo hubiera dicho “sí”  a lo que se me “regalaba”. Todo un mundo de placeres,  poder y gloria serían míos si… 
Las piedras que ante mí se  encontraban cobraban vida, me hablaban, e incluso me manifestaban que les ordenara lo que quisiera, ellas lo harían de buen grado. Los árboles mecidos por la brisa, susurraban su subordinación ante quien consideraban su rey. 
No, no podía ser real. Nada de lo que estaba viviendo podría serlo -me decía en silencio-, cuando, ante mí, reflejado cual espejo, sobre el agua de una pequeña charca, vi a alguien. Me asusté. Era otro yo, fue tomando forma humana, pero un yo con un gesto con el que no me reconocía: sonrisa burlona, gesto altivo y mirada penetrante, tanto que comencé a temblar. Me dijo: “Soy tú, el que has creado a través de tu vida, la consecuencia de todas tus experiencias, tus sentimientos ocultos, anhelos, frustraciones. Soy quien te ofrece en bandeja de plata este mundo en el que vives. Todo cuanto desees son órdenes para mí. Sólo has de permanecer aquí para siempre. Renacerás una y otra vez en cuerpos cada vez más perfectos, serás sabio entre los sabios, construirás lo que en tus sueños has visto, todo con sólo decir ‘sí, quiero’ ”.
Me sentí mareado. ¡Sí! ¡Sí! Escuchaba una y otra vez, con una cadencia que me atormentaba. 
¿Era esto un sueño más?
La negrura más absoluta cayó sobre mí, como una espesa niebla. Silencio. Un silencio aún más tenebroso llenaba el espacio, si es que era éste un lugar. No sabía qué podría ocurrirme después… Hasta que, cansado, me dejé caer desplomado, o eso creí… Vi mi propio cuerpo tendido, inerte, sin vida. Me acerqué a él y comprobé que no había el mínimo atisbo de vida. Mis mejillas se convirtieron en el canal por el que descendían mis lágrimas. Tanto tiempo juntos y ahora estaba solo, sin un punto de apoyo, sin nada a qué asirme. 
Todos mis yoes se disolvieron, absorbidos por una espiral a la que no veía final. Y con ellos, mis sueños, deseos, vivencias, dolores, alegrías. Todo cuanto había construido durante tanto tiempo, ahora se alejaba. ¿Qué quedaba de mí? Ni siquiera observaba en mí ninguna vislumbre de forma, ni manos, ni pies, ¡nada! Y sin embargo podía pensar. De algún modo existía.
¿Había dicho “sí”, acaso? No, aún no salió nada de mis entrañas, o lo que creía que podrían serlo.
En un instante, no sé cómo, dije “no”. Todo aquello era una ilusión. Me revelé. Lo que de verdad me mantenía vivo era el amor que fui capaz de ofrecer a cambio de nada. Éste no había sido llevado por la espiral, estaba conmigo y supe que yo era el amor que había construido a lo largo de las edades; eran unos “ladrillos” sin forma, ni consistencia alguna. Era el silencio que une las palabras, etéreo e intangible… 
Miré a mi alrededor, un hombre y una mujer unían sus cuerpos en una danza sin fin, de tal modo que sus formas se fundieron en una sola. Yo, sin saber cómo, me uní con ellos y en ellos. Por un momento la oscuridad y la luz dejaron de ser tales: “el silencio que une las palabras” se hizo carne una vez más. 

Nueve meses más tarde, fruto del amor, pude ver mis pies y manos una vez más. Esta vez dije “sí” sin dudarlo. Sí a la vida, al amor. No a la ilusión.

A. Hache

POSESIÓN DE LA VERDAD



Cuando creo que ya tengo una base sólida, pilares bajo tierra a gran profundidad, sucede que la tierra no es estable, que tiene vida y se niega a paralizarse, a estar “muerta en vida”.
Si pretendo asir, atar, encadenar, un solo instante, vano intento; un acontecimiento, puede que aparentemente vanal, me “dirá” lo equivocado que estoy. 
La base se desmorona una vez más, no para destruirme, sino para que crezca,
que me desprenda de lo que inmoviliza mi ser.
Los dioses de barro que me mantenían en pie desaparecen, secándose y convirtiéndose en arenisca, como un mándala tibetano, que un ligero viento se llevará lejos de mí.
¿Dioses, para qué?
La verdad que me sostenía ya no está,  ahora no es nada en mi vida.
Nada poseo, ni la ignorancia, ni la verdad. ¿Para qué? 
Ahora, simplemente, soy.

A. Hache

UNA OLA LLEGA




En un mar que se agita a su libre albedrío,
intento tras intento,
nado,
unas veces a favor y otras contracorriente.
Las olas vienen,
no sé su procedencia ni su destino,
simplemente fluyen,
¿es necesario saber más?
Así,
día a día,
mi cuerpo,
mi alma,
aprende y olvida. 
Una ola llega,
me voy con ella…
donde me quiera llevar.


Ángel Hache


TU CORAZÓN



Tu tic-tac,
de golpe,
sin avisar,
sin un adiós,
se alejó.
Silencio.
Tu voz callada.
Se paró el reloj.

Tu maquinaría, 
envejecida.
Tus manecillas,
pequeñas,
entrañables,
delicadas.
Marcabas los minutos,
 las horas,
de mis noches 
y mis días.
¡Cuántos años juntos!

Decían que eras frío, 
sin alma ni alegría.
¡Qué poco te conocían!
Te quedas,
ahora y aquí,
vivo en mí.

Mi corazón,
tu corazón,
late…
Tic-tac,
tic-tac,
tic-tac…
Y no es de metal.

Ángel Hache

HEBRAS DE VIDA




Me voy caminando lejos,
tan lejos como mi alma quiera 
y mi cuerpo aguante.
Me voy sin querer mirar atrás,
pa’que el dolor no me estalle.

Allá lejos quedan, 
días, meses, años.
Vividos, amados, odiados,
recordados, olvidados…

Jugando a las canicas,
corriendo, brincando.
Ajeno a todo,
mi infancia pasó
feliz…
sin conocer lo que después supe.
Lo que me selló.

Un día te vi
y como un rayo que atraviesa mi alma te sentí.
Una hebra tejió tu cuerpo y el mío,
tu alma y la mía.
Hilo invisible. 
Hebras de vida. 
Anteayer la muerte moraba en mí.
Ayer, hebras de vida…
junto a ti.

Hoy,
me voy caminando lejos,
tan lejos como mi alma quiera 
y mi cuerpo aguante.
Me voy sin querer mirar atrás,
pa’que el dolor no me estalle.

Hebras de vida. 
¿Recuerdas?
Junto a ti.


Ángel Hache

CAMINOS



Sentado en el parque. 
Sopla el viento de la tarde presagiando una noche fría. 
Sin ganas consigo levantarme dando los primeros pasos hacia el hogar.
Los viejos recuerdos se agolpan una vez más.
Los alejo, disipándose entre las hojas secas caídas en este otoño del alma. 
Mis pisadas acaban borrando sus efímeras huellas.
Ya nada son.
Ahora, sólo tengo por delante un futuro incierto.
Un tiempo por vivir en uno de tantos caminos a elegir de vuelta a casa.
Nada temo. 
Siento que es ahora cuando ya nada espero sino vivir en plenitud. 
Sin equipaje, sin pasado ni porvenir, solamente siendo.


Ángel Hache

Y NADA MÁS




Pasan noches, días
 y tú no estás.
 ¡Soledad! 
 ¡Qué ingrata compañía para quien no te ha llamado!
 ¿Y el futuro? 
 ¿Sin ti?
 No lo imagino.

Te veo,
 volver
 por misma la senda que marchaste,
 en un instante intemporal;
 radiante,
 sonriente,
 feliz.

Yo también sonrío.
 Tu mano con la mía.
 Tus pasos y los míos,
 por fin,
 dejan estelas en la mar.
 Huellas que vienen y van,
 una brisa de eternidad…
¿Somos los mismos?
 Sin preguntas,
 sin respuestas.
 Somos… y nada más.


Ángel Hache

EN LA ETERNIDAD


Cada noche me abandona 
con un ¡hasta pronto!
Un nuevo día se aleja una vez más.
¿Qué me deparará la oscuridad?
Tal vez no vea la madrugada que vi ayer.
Puede que mi cuerpo duerma al alba
el sueño que me lleve a otra realidad.
Quizás te vuelva a ver una vez más,
sin noche ni día,
donde tú y yo
quedamos aquella tarde de juventud.
¿Recuerdas? 

Yo sí…, en la eternidad.

Ángel Hache

EL SIRIO



Hace unos años tuve un encuentro casual con un sirio, no era de nacimiento, sí de adopción, pero, según me dijo, Siria es un país donde no te preguntan cuál es la tierra que te vio nacer, ni por qué se decidió migrar; están acostumbrados desde cientos de años a acoger con los brazos abiertos a quienes han decidido instalarse allí, sin más.

DONDE ME PERDÍ


El cuerpo desangelado.
El alma con la mirada perdida en el horizonte.
Recordando, olvidando.
Nubes vienen y van… 
De paso, siempre de paso.
¿Qué hay más allá?
Quizás nada,
puede que todo.
¿Quién sabe?
¿Tú lo sabes?
¿Lo sé yo?
No basta creer…,
llegar hasta la línea y cruzarla.
Un paso más y seguir, 
hasta llegar donde me perdí,
donde tú estás
y yo no comprendí.


Ángel Hache

VACÍO


Entre tú y yo hay un espacio vacío
que permite que yo llegue hasta ti
y tú hasta mí.
El vacío es más real que tú y que yo.
Cuando ya no estemos, 
cuando el último soplo nos abandone,
el vacío seguirá presente. 
En él nos encontraremos cuantas veces lo deseemos
pues nada perturba lo que no es,
y sin éste,
 tú y yo no existiríamos.
Las palabras sin espacio entre ellas pierden su sentido, 
su razón de ser.
El espacio entre tú y yo es lo que somos.
Somos el vacío más allá de cualquier plenitud.



Ángel Hache

LA DANZA DEL FUEGO




El frío hielo me quema.
La llama de la vela abrasa mi piel.
El fuego de la pasión me hunde lentamente en arenas movedizas.
Mis pensamientos chocan unos con otros,
su constante fricción me inflama.
¿Hay un fuego que no me consuma?

Escucho los latidos de mi corazón: tic, tac…
Su sonido me adormece.
Me dejo llevar. Tic, tac…
Un universo aparece en el vacío,
la vida fluye a borbotones. Tic, tac…
Una estrella fulgurante ilumina pequeñas esferas,
vueltas y más vueltas dan a su alrededor. Tic, tac.
Millones de estrellas giran sin cesar en una danza sin fin.
Galaxias… Una tras otra, encontrándose, alejándose. Tic, tac.

Siento frío, calor… Ahora nada y todo a la vez.
Consumido en un fuego que eleva sus llamaradas
creando figuras en las que me reconozco.
Soy, ahora, el fuego que crea y se recrea una y otra vez,
como los latidos de mi corazón. Tic, tac…


Ángel Hache

EN EL AIRE



Como un pájaro que abre sus alas por primera vez,
aleteo comprobando que todo está bien…
Me acerco al precipicio sin miedo. 
La brisa acariciando mi rostro. 
Mi mirada escrutadora otea el espectáculo sin igual 
de un paisaje que nunca más se repetirá.

Es ahora o nunca…
Me inclino hacia delante, 
dejándome caer.
Ya no hay vuelta atrás…

¡Vuelo!
El viento me eleva alto, muy alto.
Como un pájaro, 
no necesito cavilar, 
sólo dejarme mecer un poco más allá. 
Mi destino, ¿qué importa ya?
En el aire estoy como un ave más.
Planeo, sabiendo sin saber que hoy no es un día más.




Ángel Hache

AGUA SOY




¿Quién maneja el timón en el océano de mi vida?
Agua soy en gran medida, 
me desenvuelvo en sus profundidades aún antes de nacer.
Un sinnúmero de partículas fluyendo sin parar,
día a día, año tras año…
Soy el capitán de un barco que aún no sabe su destino.
Navego en noches sin luna, 
inmerso en tempestades
sin más guía que mi alma,
con la esperanza de ver, 
más allá del horizonte,
un destello de luz,
que me lleve al encuentro con el puerto soñado.
Agua soy… y qué más.

Ángel Hache


EN LA TIERRA



Como las estaciones del año, 
como los tiempos de mi vida, todo cambia. 
Cuando pienso que todo es estable
una hoja cayendo del árbol me recuerda que estoy de paso.
Mis recuerdos, 
mis amigos, 
quienes quise, quiero y querré, estamos de paso.

Una flor acaba de abrirse revelando su desnudez y la joya que contiene.
Efímero su momento, 
como el mío… 
En la tierra caerá, caeré,
de sus entrañas resurgiré...

Ángel Hache


DIEZ Y SIETE



Te alcanzo,
cual neblina ante mí.
Entro en ti,
todo lo abarcas.
No veo,
más en ti siento vivo cada poro de mi piel.
Llenas con tu contenido mi ser,
antes y después,
siempre existiendo.
Me expando por infinitos mundos de luz,
en una espiral sin principio ni fin.
Me siento aquí y allá,
ante ti,
cuál ave libre de volar donde quiera.
Nada se esconde a tu pensamiento,
eres todo,
soy todo contigo.

Uno, dos, tres… “diez y siete”.
Donde me sitúas anhelo llevarte.
Déjame ser… siempre,
aprender,
dudar,
sentir…, 
amar tus infinitos universos.
Habitarlos.
 Destruirlos.
Recrearlos.
Disfrutar el instante infinito 
envuelto en tu bruma de amor eterno.

Llegar al Siete, 
regalo de tu amor y mi esfuerzo,
hermosa corona de tu luz.
Después, 
donde el Viento me lleve, 
alcanzar la savia del Diez,
 el Todo y la Nada.
Y unirlos en melodiosa aventura en el ocho, 
puerta al Infinito.
Déjame sentir el “diez y siete”.


Ángel Hache


UN DÍA CUALQUIERA



Te levantas un día cualquiera. Todo parece rutinario, organizado, sin sobresaltos y… sin embargo, un instante, un segundo, ¡todo ha cambiado! Ya no habrá más rutina, todo lo que estaba construido se ha desmoronado como un castillo de naipes, quedan las cartas… caídas, que hay que recomponer una a una, pero ya nada será igual. La Vida te acaba de mostrar, puede que de una forma brusca, que lo pasado es eso, pasado. A partir de ahora hay que empezar de cero, aunque con la memoria de una “vida pasada” en esta misma existencia.

LA JOYA EN EL LOTO



Oculto en el mismo centro o corazón del loto hay un punto brillante de fuego eléctrico de un tono blanco azulado (la joya en el loto), circundado y completamente oculto por tres pétalos herméticamente cerrados. Alrededor de este núcleo central o llama interna, están dispuestos los nueve pétalos en círculos de tres pétalos cada uno, formando en total tres círculos. Dichos pétalos, igual que los tres centrales, están formados por la sustancia de los ángeles solares -sustancia que no sólo es sensoria como la que compone las formas de los tres mundos y los cuerpos lunares, sino que tiene una cualidad adicional de “yoísmo” o autoconciencia, que permite al ente espiritual, situado en el centro, adquirir por su intermedio, conocimiento, percepción y autorrealización.

EL PERDÓN



¿Deseas la PAZ?
Comienza por mirar en tu baúl.
¿Encuentras algún hecho que no te deje dormir?
¿Tienes cambios bruscos de humor?
¿Te desprecias?
¿Te desahogas descargando tu ira en los demás?
¿Te sientes inferior a otros?... ¿Superior?
¿Cuando miras el espejo sólo te ves a ti?
¿Tu tiempo, a quién se lo dedicas, cómo lo repartes?
¿Vives en una nube de algodón?
¿Has maltratado a otros? Y…, ¿a ti?
¿Has herido a alguien?
¿Robado?
¿Estafado?
¿Matado?
¿Cuántos pensamientos, sentimientos y actos borrarías de tu memoria?
¿No puedes?
Quizás no te perdonan, ni te perdonas y vives en una pesadilla que te amarga la existencia.
¿No es hora ya de acabar con este infierno?
Si quieres, de pie, sentado, arrodillado, tumbado,
en la calle, en tu habitación, en el campo o en un templo,
donde y como desees
cierra los ojos y con humildad 
OFRÉCELO TODO a la VIDA (según tu creencia o ausencia de ella).
Ten paciencia (la ciencia de la paz).
Recibirás una grata sorpresa y...
descubrirás una parte de ti, que tenías escondida...     

¡BUEN VIAJE!


Ángel Hache

UN REGALO



Quizás no sepamos de dónde venimos ni a dónde vamos, 
ya parece un largo camino recorrido y aún más el que nos queda por recorrer.

Construirse a sí mismo no es nada fácil.
Unas veces la senda parece un paseo por un vergel 
y otras sólo conseguimos dar un paso tras un esfuerzo titánico 
y sin saber si ha merecido la pena tal sacrificio.
Mas cuando damos el paso, 
éste nos abre las puertas en que vemos el siguiente a dar, 
entonces la esperanza se convierte en algo real y tangible
y podemos decir que sí,
todo esfuerzo no ha sido en vano.

La vida es un regalo, más un regalo que se gana a pulso.
Cuando nos resistimos a crecer, 
queremos permanecer reteniendo aquello que nos da un sentido a la vida 
y todo lo que nos va bien.
Y deseamos dar un gran salto hacia adelante, 
o peor, 
hacia atrás 
cuando el viento no va a nuestro favor,
pero el pasado… ya no vuelve.
Sólo nos queda un camino: crecer. 

Nos sentimos empujados por los acontecimientos, 
o eso es lo que creemos, 
cuando en realidad somos nosotros quienes los creamos, 
unas veces por nuestra dejadez y otras por nuestro ímpetu.
Siempre ante nosotros se abren diferentes posibilidades
y la última palabra es la nuestra,
también nuestra responsabilidad.

Nadie decide por ti si no quieres.


Ángel Hache

COMPAÑERA, COMPAÑERO PEREGRINO


Compañera, compañero, que un día dejaste el hogar materno. Saliste al mundo sólo con tu mochila.

Con grandes ilusiones y el bolsillo vacío, continuaste tu peregrinaje.
Comenzaron vivencias con la realidad.

Rostros tristes en la mañana camino del trabajo; alegres chavales saltando y gritando, observados de reojo por lindas mocitas con uniforme de colegio.
La abuela paseando al nieto charlando con la vecina de turno, repasando la vida de los nuevos vecinos venidos de otras tierras.

CREO EN TI



No sabría por dónde empezar, ni siquiera es importante… sólo dejar que mis dedos sigan tecleando lo que mi ser está emitiendo.

 Soy mi propio instrumento: en mí se aglutina desde el “director” hasta el último “operario”. Pero no sabría distinguir a uno del otro, pues andan de un lado a otro de este cuerpo. Digo “cuerpo” por darle un nombre a algo que escapa a mi propia imaginación, pues tan pronto “siento” los pies en contacto con la tierra, como percibo cómo mi mente deja a un lado este cuerpo de carne y hueso para expandirse sin forma definida perdiéndose en alguna dimensión desconocida para este simple mortal. 

LA VENTANA



Confundido,
sumido entre el abatimiento y la incomprensión.
¿Por qué?
No tengo respuesta.
Llegaste a mi vida como el viento que se cuela por la ventana, 
casi sin querer…
Como, sin querer, te fuiste.
No dijiste adiós, desapareciste, sin más.
Te olvidaste abandonar mi corazón, donde sigues.
Pasarán días, meses, años… 
y tu recuerdo seguirá acariciando mi vida,
como el primer día, como cada día.
Dejo la ventana abierta, 
por si acaso vuelves… alma mía.

Ángel Hache

HAY QUE MORIR PARA RENACER



Hace ya nueve años de un sueño que ha supuesto un antes y un después en mi vida. No imaginaba que se cumpliría, ni sus consecuencias. Sé que una señal conduce a otra, mas entre ambas hay vivencias, experiencias que hacen que uno pueda crecer y subir un peldaño en la escalera del Amor. Hay que descender, o ascender, a este mundo de tres dimensiones, tocarlo, sentirlo, sufrirlo; hundirse en el fango y acabar amándolo. Sé que a veces no es nada fácil, pues hacerse humano es una elección libre que acarrea consecuencias, heridas en el alma que tardan en cicatrizar y también curaciones milagrosas que purifican. El mayor milagro es saberse eterno, nada ni nadie  podrá destruirlo. Este plano de la Vida es un sueño, una  ilusión, de la que acabamos despertando un día. La muerte no es más que un principio, el alba de un nuevo día en el que sabemos por experiencia y consciencia quienes somos en realidad…

HOY PISABA LA ARENA


Hoy pisaba la arena al borde del mar. Mis huellas duraban un instante. 
Una ola tras otra acababa borrando cualquier intento de permanencia de mi paso por la playa. 
Me dije: “Mañana volveré y no miraré mis huellas sino a quien camina conmigo”.

Ángel Hache

SEMILLAS


Hace algún tiempo de tu visita. ¡Cuántas preguntas desde aquel inolvidable día! No lo tengo marcado en el calendario, sí en mi memoria intemporal. Pensaba que era el fruto de imaginaciones febriles, pero no, era demasiado para ser casual…

Todo comenzó años atrás, cuando en plena adolescencia mi alma descubrió un sentimiento hasta entonces dormido…, la primera señal que sólo comprendí mucho tiempo después.

LA MONTAÑA



Cuanto más ascendía por la montaña, más tenía la sensación de ir hacia el interior, pero de qué. Miraba el imponente paisaje, montañas cuyas cumbres lucían nevadas, impolutas. ¿Quién podría sobrevivir en estas tierras?

Hacía largo tiempo que había iniciado este viaje, pero nada sale como uno desea, quizás algo en mí me guiaba, y yo, ya sin objetar nada, me dejaba llevar.

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