Las palabras se las lleva el viento, su esencia permanece hasta que te liberas y ya nada te ata

22 KHAI. LA CEGUERA

  


   El joven discípulo le preguntó al anciano maestro:
  ―¿Quién es Khai? Pues he oído hablar de él pero nadie me da una respuesta satisfactoria.
  El anciano maestro se alejó. Al cabo de un buen rato volvió donde estaba el joven discípulo, preguntándole: 
  ―¿Has visto a alguien en mi ausencia?
  El joven le respondió: 
  ―¡No maestro, nadie se ha acercado por aquí, a nadie he visto en tu ausencia!
  El anciano sonriendo le miró y le dijo: 

  ―Si hubieras cerrado los ojos, le habrías visto. Si hubieras dejado de oír, le habrías escuchado. Si hubieras dejado de preguntarte, habrías encontrado la respuesta tú mismo.
  El joven se quedó abatido ante la contundencia de la respuesta del anciano maestro. Éste se alejó de nuevo perdiéndose en la lejanía. 
  El joven discípulo se sentó dándole vueltas a lo que el anciano maestro le había contestado hasta que se quedó profundamente dormido. Soñó y al despertar, una palabra resonaba en su mente: Khai. Al instante se dio cuenta de su significado, sonriendo se dijo: “¡Qué ciego he estado! ¡Yo soy Khai!”

  Notó una presencia a su espalda. Se dio la vuelta, era el anciano maestro que una vez más le sonrió en silencio, alejándose por el camino para nunca más volver… ¿O sí? Sólo Khai lo sabe.


Ángel Hache

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